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De las cinco partes nobles que tiene el cuerpo humano, las dos más llevaderas y agradecidas son el paladar y el bandajo: las otras tres y más heterodoxas, antipáticas y confundidoras son la sesera, el corazón y la indeterminación. Yo creo que el culto a los deleites del comedor y la bodega es un signo inequívoco de madurez, ya que el ascetismo no es sino falta de higiene mental. Pertenezco a varias cofradías, sociedades y academias de la buena mesa y he descubierto hace ya muchos años que, ante el plato y el vaso, los hombres olvidan las preocupaciones y otros azoramientos para no perderse ni un solo matiz de lo que se engulle o se te asiega. En esta Academia de Gastronomía de Marbella que me honro en presidir, no en gobernar, se da clara maestría de que cuanto digo es cierto. En el armisticio de la digestión, los comensales se hermanan con las creciencias latiendo en la paz y la buena armonía que, por ley de vida, no se desbaratan en la hartazón sino en el hambre. Recuerdo a quien leyere o escuchare que la gula no es pecado mortal puesto que nadie come ni bebe con el propósito de ofender a Dios. |