EL LAUREL
Difícil, por no decir imposible, encontrar un producto de menor valor material y que, simbolice tantos eventos y tenga tan merecido reconocimiento.
Esa hoja, que la caracteriza un olor peculiar y un sabor inconfundible.
Habría que escribir muchas páginas, para hacer mención y enumerar su presencia a lo largo de la historia para así describir sus múltiples cualidades.
Hagamos un breve resumen de tan preciada hoja, empecemos por Séneca cuando decidió tomar la iniciativa mas importante y drástica de su existencia, como fue la de poner fin a sus días depositando con delicadeza su corona de laurel al borde de la bañera, siendo su oropel más preciado al ser el símbolo de la sabiduría.
Que decir de la famosa Laureada de San Fernando, que es el más valioso y emblemático que se concede en España a la dedicación castrense.
En varias facultades para testimoniar la licenciatura, eligen el laurel para adornar la orla de finalización de carrera. y para terminar hago mención del gran aliado que ha sido del cocinero a través del tiempo, si retrocedemos a la época en que no existía el frío industrial y tan rica hoja se convertía en indispensable para conservar los alimentos en crudo, maceraciones, escabeches, adobos, aliños, etc, etc.
También recordamos hoy aún con agrado, cuando llega cualquier guiso a la mesa y se hace el reparto del mismo, al que le cae la hoja de laurel surge el alegre comentario de que dicho comensal emprenderá un viaje placentero.
Tampoco quisiera olvidar algunas atribuciones que se le concede con fines curativos.
Así es que por estas múltiples cualidades por las que propongo a esta sencilla pero importante hoja, para que esta asociación de tan cualificados profesionales la elija como símbolo del trofeo a obtener en este Certamen de Jóvenes Cocineros, pues creo que sería la mejor manera de enriquecer y popularizar tan valioso colaborador de nuestra orgullosa profesión.
Antonio Rodríguez