¿Por qué llega el Gil a Ceuta?
Desde hace varios años, tantos como el Grupo Independiente Liberal tuvo la oportunidad de gobernar el Ayuntamiento de Marbella y transformar esta ciudad, han sido numerosas las visitas que hemos recibido en nuestra sede central de ceutíes que nos mostraban su inquietud por la situación que venía padeciendo Ceuta y nos hacían llegar  las enormes expectativas que una opción como la nuestra despertaría en una sociedad cansada de promesas y desengañada ante tanto despropósito político. No fue hasta aproximadamente dos años cuando esta posibilidad fue tomando cuerpo. Algunas personas que hoy son nuestros coordinadores aquí, fueron acercándonos la situación real de la ciudad a través de mucha documentación y fue cuando nos dimos cuenta de que Ceuta podía encontrarse en un callejón sin salida.
Nosotros somos un grupo de gestión. No somos políticos convencionales. Nuestro trabajo se materializa en resultados tangibles que conseguimos llevando a la práctica la voluntad de prestar un buen servicio público, aplicando técnicas empresariales y, por consiguiente, alejándonos de métodos burócratas que sólo sirven para dilatar en el tiempo la solución de los problemas sociales. Creemos que Ceuta tiene una oportunidad, una magnífica oportunidad, estamos seguros de ello, y para nosotros supone todo un reto transformar una ciudad que con el tiempo, no mucho, puede ser envidiada en el resto de España.
 
 
Antonio Sampietro, candidato del G.I.L. a la Asamblea Autónoma de Ceuta.
¿Por qué tienen ustedes tanta y tan feroz oposición?
Debe ser porque suponemos un riesgo para quienes han estado viviendo de la política, o mejor dicho, parasitando de ella durante los últimos diez o quince años sin aportar nada que los ciudadanos puedan apreciar. Ceuta es una ciudad que arrastra un retraso importante en el conjunto del estado español.
Su propia condición como zona Objetivo Uno de la Unión Europea evidencia sus niveles de subdesarrollo. Y, si le digo la verdad, tanta beligerancia hacia nosotros nos hace pensar que, posiblemente, por alguna razón, no queremos pensar que inconfesable, está de alguna manera previsto que la ciudad no alcance determinados niveles de prosperidad. Tenga en cuenta que hoy por hoy, la peor amenaza para Ceuta es esa sensación de abandono que hace que cada vez sean más los ceutíes que piensen en aprovechar la mínima oportunidad para instalarse en la Península. Incluso los propios políticos que hoy gobiernan la ciudad están en esa idea. Claro que ellos son los que menos problemas tienen gracias a la extraordinaria evolución que han experimentado en sus niveles de renta.
Esto les permite pensar con tranquilidad en trasladarse, curiosamente a puntos de la Costa del Sol, precisamente donde gobierna el G.I.L. y donde los ciudadanos gozan de una mejor calidad de vida. De un mejor modelo de sociedad, más ordenado, totalmente seguro y con una enorme actividad económica. Esto tiene que cambiar. Ceuta puede y tiene que ser un lugar agradable para vivir. Un sitio donde las gentes encuentren satisfechas todas sus necesidades. Donde los ciudadanos tengan todas las garantías de que sus intereses y derechos están perfectamente garantizados, y donde se elimine esa idea de desarraigo. Quizá por ello no es conveniente que Ceuta pueda prosperar demasiado, hasta el punto de hacer cambiar el planteamiento de sus ciudadanos y la dinámica que cada vez se impone con más notoriedad en esa sensación de que la ciudad se va despoblando de manera lenta, voluntaria e inexorablemente, como una capitulación colectiva calculada. Esto es lo que nos preocupa y esto es lo que vamos a combatir.
 
De izquierda a derecha José Eladio González y Juan Carlos Ríos, coordinadores; Antonio Sampietro, candidato y Luis Ortiz.
Entrevista COPE a Antonio Sampietro, candidato G.I.L. Ceuta y José Eladio González, coordinador.
¿Qué ofrece el G.I.L. a Ceuta?
Nosotros ofrecemos un trabajo serio y riguroso. Nuestros métodos de trabajo son muy concretos y hasta le diría que obstinados desde el punto de vista de la eficacia y el pragmatismo a la hora de trazar el camino recto hacia la solución de los problemas. Ninguna ciudad está para perder el tiempo; Ceuta mucho menos.
Y no estamos aquí para vender humo, engañar a nadie o para vivir del cuento.  Para eso, Ceuta ya ha tenido los mejores maestros. Nosotros venimos a hacer un trabajo serio. No creemos en la creación de comisiones que sólo sirven para dilatar en el tiempo proyectos que al final, de salir adelante, se consiguen con enormes cargas e hipotecas.
Creemos en la negociación y en el diálogo con quien o quienes sea necesario. Pero tenemos claro que Ceuta debe pasar la página y despojarse de los malos hábitos políticos. Durante más de diez años, la clase política no ha ofrecido más alternativa que los mismos partidos. Cuando no han gobernado unos, lo han hecho los otros. Y toda esa relación se desarrolla en un clima viciado de hipotecas e intereses particulares. Nosotros creemos que en cuatro años se puede transformar una ciudad. Lo hemos hecho ya en otras poblaciones y no estamos de acuerdo con los programas electorales que se hacen de manera parcial y que abarcan varias legislaturas bajo el pretexto de la entidad de determinados proyectos, y que finalmente no son más que una artimaña para intentar garantizarse ocho en vez de cuatro años de poder.
Cuatro años son sufiencientes, pero es fundamental que un gobierno tome decisiones, asuma su responsabilidad y lleve a la práctica su proyecto político sin necesidad de someterse a caprichos de nadie ni a chantajes.
Un gobierno no puede estar condicionado por un pacto salvo que sea estrictamente necesario. Por ello insistimos en que es necesario contar con una mayoría holgada y suficiente para ponernos manos a la obra, gobernar sin perder tiempo y concentrarnos en la tarea de cumplir nuestros compromisos con un pueblo que quiere despegar, como el pueblo ceutí.
 
Antonio Sampietro, candidato por Ceuta, José Eladio González y José Fernández Clavijo, presidente de la Peña Atlético de Madrid en Ceuta.
¿En su primera rueda de prensa ante los medios de comunicación de Ceuta, usted dió a conocer tres proyectos que, según dijo, iban a cambiar la fisonomía de la ciudad. ¿Pueden parecer descabellados?
En absoluto. Quienes así piensen sólo demuestran un gran temor a quedar en evidencia porque ellos no han querido, no han podido o han estado más ocupados en agasajos en vez de ocuparse de cumplir con su responsabilidad pública. Demuestran un gran desconocimiento de la realidad y las necesidades de Ceuta. Y sobre todo, lo más decepcionante es la falta de capacidad intelectual para plantear cuestiones y proyectos tan importantes.
¿Por qué Ceuta no puede tener un aeropuerto? Ahora dispone de una línea de helicópteros que está de prestado; una ciudad autónoma como Ceuta no puede depender de una instalación militar para un transporte tan importante. Esta modalidad de comunicación puede ser compatible con un aeropuerto y con las líneas marítimas tradicionales. Ceuta debe estar lo mejor conectada posible. Pero no sólo con el resto de España, sino con el mundo, ¿por qué no?
Yo le digo que hay posibilidades técnicas para hacer un aeropuerto adecuado a las necesidades de la ciudad, a su superficie, a su demanda, etc... Nosotros no hablamos por hablar.
Estamos trabajando en este y otros proyectos. Tenemos en nuestro poder diversos estudios de viabilidad y, lo que es mejor, tenemos los inversores; tenemos el capital. Esto no lo pueden decir todos. Y lo mismo sucede con el campo de golf, en el que parecen estar de acuerdo todos los grupos políticos por los resultados y la rentabilidad turística que esto tendría.
Ni que decir tiene que la Planta de Tratamiento de Residuos pasa de ser un proyecto interesante, a ser una obligación que hay que cumplir ante la vergüenza que supone el vertedero de Santa Catalina para la imagen de la ciudad y, lo que es más importante, para la salud de nuestro medio ambiente y de los propios ciudadanos. Estos son tres proyectos cuyos protocolos de inversión se firmarán durante la próxima visita que realizará a Ceuta nuestro presidente, Jesús Gil y Gil. El que desconfíe de esto no tiene más que esperar a que pase el tiempo o menearse, buscar alternativas o intentar conseguir lo mismo. La verdad es que entre los actuales gobernantes veo poca disposición a molestarse en trabajar. Esta es también una de las rémoras de esta maravillosa ciudad.
 
De izquierda a derecha: Jesús Gil Marín, secretario general; Juan Carlos Ríos, coordinador; Jesús Gil y Gil, presidente; Antonio Sampietro, candidato por Ceuta y José Eladio González, coordinador.
¿Qué problemas de los que presenta la ciudad, le han llamado más la atención?
Todos sabemos que Ceuta es una ciudad muy insegura. En la propia Asamblea se ha llegado a reconocer que la ciudad está tomada por personajes que hacen ostentación de fortunas de difícil explicación. Individuos que hacen de la extorsión y de la amenaza su comportamiento habitual. Las autoridades tienen que poner remedio a esto y nosotros tenemos muy claro cual es nuestra obligación en este sentido. Pero es que, además, en Ceuta se da una rara y descarada interrelación entre políticos y otros personajes públicos que forman potentísimos grupos de presión, auténticos monopolios al servicio del chantaje y la mentira permanente en un negocio que parece muy rentable, a juzgar por el crecimiento de patrimonio de determinados personajes populares.
La Fiscalía Anticorrupción podría obtener buenos resultados en Ceuta con tan sólo visitar las lavandería públicas; también las hay de confección, pero esta es una actividad honesta.
Existen órganos de expresión cuyos dirigentes se miran al espejo antes de atacar a un adversario político. Es impresentable como gente que es reconocida por sus andanzas contrabandistas en camisa y vaqueros, hoy lucen trajes caros, y aparentes corbatas que además no suelen combinar bien. Estos son los que en realidad manejan la ciudad y ello resulta esperpéntico.
Una ciudad en manos de de estos nuevos ricos no puede ser una ciudad que aspire a tener una proyección notable. La verdad es que cuentan poco porque no tienen acceso a una información libre salvo por aquellos medios y profesionales que se arriesgan permanentemente a ser sacrificados de sus empleos.
Existe una mordaza que no afecta a todos, pero que a pesar de ser inútil resulta preocupante desde el punto de vista de la catadura moral de quienes tienen montado el negocio.