CONGRESO NACIONAL DEL GIL

Intervención de Antonio Sampietro Casarramona, Candidato por el Grupo Independiente Liberal (G.I.L.) a la Presidencia de la Ciudad Autónoma de Ceuta, en el Congreso Extraordinario Nacional del G.I.L.
"CEUTA: POR UN MODELO DE
GESTIÓN AUTONÓMICO"
Según la Constitución Española, en su Disposición Transitoria Quinta, se dispone la oportunidad de que Ceuta se constituya en Comunidad Autónoma.
Realmente, esta disposición marca una premisa para someter al debate parlamentario tal posibilidad: que su Ayuntamiento así lo decía expresamente; voluntad que distintas Corporaciones han manifestado de manera recurrente.
Al contrario de ello, en 1995, las Cortes Generales aprobaron el Estatuto de Ciudad actualmente en vigor, con lo que Ceuta como Melilla se rigen por un híbrido modelo autonómico.
El propio Estatuto de Autonomía de la Ciudad regula su revisión, reforma y desarrollo a partir del primer quinquenio de vigencia. Claro que esta posibilidad queda subordinada a la voluntad de las Cámaras legislativas por cuanto Ceuta, a diferencia de las restantes Comunidades Autónomas, no dispone de esta facultad.
Su competencia en este ámbito se limita a iniciativas legislativas que la Ciudad propone elevándolas a la Mesa del Congreso, para su posterior defensa en el debate parlamentario por un representante de la Asamblea.
En el G.I.L. de Ceuta consideramos esencial que la Ciudad reivindique sus máximas cotas competenciales. Esto no significa alinearse con posiciones políticas coyunturales. Por el contratrio representa un firme compromiso desde la convicción de que el modelo actual de autogobierno frena las posibilidades de desarrollo de la propia ciudad.
Desde el punto de vista procedimental, la Administración del Estado ha transformado a la Ciudad de la práctica totalidad de competencias recogidas en su Estatuto. Todas ellas se circunscriben en el ámbito administrativo, en cuanto a servicios que con anterioridad prestaba la Administración periférica.
La intervención del Gobierno de la Ciudad en el proceso de transferencias se ha distinguido por una completa sumisión al criterio impuesto por el Ministerio de Administraciones Públicas. De tal modo que mas que un traspaso de competencias surgido de la negociación, da la impresión de que la Administración del Estado se ha despojado de servicios que comportaban una determinada carga económica, ocupacional y asistencial.
Todo ello se traduce en costes adicionales de recursos propios calculados en torno a los 500 millones de pesetas anuales con alcance para las próximas décadas.
La consecuencia de ello es que la Ciudad asume un mayor volumen de funcionariado, de cuya equiparación salarial con los niveles retributivos de la Administración Local -siempre superiores- se desmarca la Administración del Estado.
En muchos casos la Ciudad ha recibido con los traspasos, inmuebles de su propiedad. Se asume, en definitiva, una mayor responsabilidad administrativa que desvirtúa la prestación de otros servicios públicos esenciales.
Y no porque entendamos que la Ciudad deba comprimir su competencia como garantía de eficacia. Muy al contrario, porque lo que asume constituye potencialidades de la propia Administración autonómica que no se han desarrollado reglamentariamente y, en consecuencia, coartan la verdadera capacidad de gestión.
Así, cualquier iniciativa en el modelo de autogobierno se subordina a la decisión del Poder Legislativo, ya no para grandes cuestiones, sino para cualquier aspecto relacionado con la organización.
         -La Ciudad figura como tal en la LOFAGE, aunque la falta de desarrollo reglamentario de las
          competencias, activa su regulación administrativa por la Ley de Bases del Régimen Local.
Nos encontramos pues ante un híbrido, adherido al Estado de las Autonomías.
Desarrollar este modelo de autogobierno, incluso hasta incurrir en un concepto de transformación -sin duda, mucho más ambicioso- nos parece esencial desde los planteamientos de gobierno del G.I.L.
Desarrollar el Estatuto de Autonomía es desarrollar la dimensión de la propia gestión, en orden a consolidar la presencia de Ceuta en el Comité de las Regiones Europeas.
Ceuta es Europa y esto tiene que dejar der ser un eufemismo. Hay que estar en Bruselas con un gabinete de representación. También, en las 22 Conferencias Sectoriales, y no sólo en la mitad de ellas.
Nuestra voz autonómica debe preceder a nuestro voto en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. Un voto que tenga el mismo peso específico que el de cualquier otra comunidad, consustancial con nuestros propios criterios autonómicos.
En consecuencia, nuestra participación en futuros Debates sobre el Estado de las Autonomías, debe representar una oportunidad real para proyectar la imagen de Ceuta y reivindicar un modelo de gestión: NUESTRO MODELO DE GESTION AUTONÓMICO.