Clarke, el hombre de los satélites

    Arthur Charles Clarke, autor de muy estimables novelas de ciencia ficción -El fin de la infancia y La ciudad y las estrellas se cuentan entre las más conocidas-, sabe aunar la intuición cientifica con un sentido inusual de nostalgia de mundos que el hombre jamás podrá ver. Posee una facilidad especial para dar a objetos inanimados, a planetas muertos como la Luna, una sorprendente sensación de vida. Sin estas cualidades, patentes en El Centinela, un relato de media docena de páginas que despertó la curiosidad de Kubrick, probablemente no existiría 2001.